Luca Donnini's personal page
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Berlin Fine Art Baumgartner & Nauman

26. april - 16. juni 2008
Grunewaldstr.15
D - 10823 Berlin - Schoneberg



EPIFANIA MARGINAL

sobre la fotografía de Luca Donnini

por Tatiana Escobar (*)


Del malestar de la fotografía

Hay que tener valor para plantarse con una Rolleiflex al cuello dispuesto a tomar retratos de la gente en blanco y negro. Aún más, si estás plantado en la casa de una puta, en un bar de travestís, en una peluquería de señoras, en un festival porno, en un circo ambulante o en un bar de sexo hardcore gay… y pretender que la gente se desnude, no por dinero ni por placer, sino como dicen las madres, por amor al arte.

Valor no le falta a Luca Donnini (Roma, 1961). De hecho, sospecho que sale en busca de los personajes de sus fotos llevado por una mezcla de coraje, curiosidad y deseo, que en su pensamiento elegante y siempre político se traduce en una inusual actitud de voyeur comprometido. Le he visto deambular por la ciudad, casi avergonzado de llevar la cámara a cuestas. Y derretirse de placer y de angustia ante un retrato potencial que ocurre ante sus ojos antes de atreverse a dar el primer paso. Y le he visto regresar a casa feliz de no haber tomado ni una foto.

Así como a Karl Kraus se le encendía la sangre al ver cómo la perla del lenguaje se le escurría cada día entre los dientes a los bárbaros malhablantes, veo al fotógrafo escurriéndose, incómodo, ante la pose premediatada que distorsiona el cuerpo y la mueca que desfigura el rostro, y huyendo como de la peste ante el horror de la sonrisa forzada, el abrazo improvisado o el disparo chapucero mil veces repetido, tan típicos de la fotografía turística, familiar o digital, fantasmas siempre al acecho del hacedor de retratos.

Conciente de que apuntar con la cámara a una persona es un acto de violenta intimidad, el fotógrafo elabora una puesta en escena en sutil complicidad con el sujeto que es casi imperceptible en la atmósfera natural del resultado, y que si bien se rige por técnicas más propias de la dirección de actores, tiene por finalidad despojar a la persona de su máscara pública y de toda teatralidad para mostrarla desnuda ante la cámara, con o sin ropas, pero desnuda al fin. Seductores o inocentes, tímidos o desafiantes, pero siempre frágiles ante la certeza de lo que somos sin más adorno que la vida misma.

Cada retrato de Luca Donnini es un ejercicio solemne de desnudez. Y para que el juego sea un reto para ambos, busca a sus modelos en esos márgenes de la sociedad donde supuestamente lo extraño, el cuerpo desnudo, el sexo o la perversión, el género en mutación o la identidad esquiva no son un tabú sino una manera de vivir. Y se pierde, no entre activistas, sino entre habitantes del margen que, en el mero ejercicio de ser quienes son –travestis, transgéneros, shaved-head dykes, ositos peludos, hombres y mujeres tatuados, desnudos, muy gordos o muy flacos- defienden una identidad diversa, un pensamiento político, una manera de estar en el mundo.

Es imposible no sentirse confrontados ante estos retratos y ante la voz narrativa del fotógrafo que nos habla a través de ellos. Parado allí, en esos lugares donde "la gente de bien" no entrará nunca, y haciendo que esas vidas nos miren fijamente a través de su cámara, fascina esa manera suya de evitar el sentimentalismo, el sensacionalismo o la mera denuncia social. Fascina que sean los propios retratados quienes nos pregunten, desafiantes: Che cazzo fai?

Enmarcados en la tradición del «new documentary style» cuya más reconocida y perturbadora representante es Diane Arbus, los retratos de Luca Donnini celebran, como los de aquélla, a los verdaderos aristócratas, a los que ya no tienen nada que temer porque han tenido que superar las pruebas de la vida para ser quiénes son. Y allí donde antes el flash destacaba el defecto del freak o lo monstruoso de la gente normal para atemorizarnos, ahora una luz compasiva nos revela las virtudes de la otredad para enamorarnos de lo diverso.

En busca de familiares desconocidos

Encontré a Luca Donnini en una noche de otoño en Berlín. Estábamos en el club L.U.X. de Kreuzberg, en la cita nocturna del Festival de Cine Porno, y los dos estábamos de servicio. Bebiendo el típico whisky alemán mal servido, le observaba con curiosidad: un hombre altísimo con semblante de caballero, rostro entre tímido y serio, callado y sereno, y colgada a la altura del pecho, una de esas míticas cámaras Rolleiflex de la firma Franke y Heidecke, con el visor levantado. Casi sin darme cuenta, comencé a estudiar sus escasos movimientos y a preguntarme qué diablos hacía allí aquel fotógrafo, no tanto porque la presencia de los fotógrafos suele ser mal vista en este tipo de eventos, como por el hecho de que, pasadas unas horas, aún no había disparado la primera foto.

Dejé que el whisky venciera mi timidez, me acerqué a la barra para preguntarle quién era y sospecho que en esa primera conversación nos hicimos amigos. Poco después, organicé un salón privado en un extraño recoveco del bar, donde el director de cine Todd Verow, su musa Philly y yo oficiábamos de anfitriones, para examinar a muchachos curiosos ajenos al porno underground que deambulaban por la fiesta con pasos de Bambi. Era una trampa, naturalmente. Pero Luca sonrió bajo la luz roja del salón y siguió sin tomar fotos, hasta que el salón se disolvió.

Acordamos que en los próximos días, Luca visitaría el cuartel general del grupo español en Berlín -un burdel cursi escondido en los bajos de un edificio residencial de Kruezberg, apestado a nicotina y lleno de ángeles, rosas secas y tapicería de zebra- para tomar lo que él llamaba un "retrato programado de grupo familiar". La tarde siguiente fuimos a ver la exposición de Diane Arbus que organizaba la Galería Camera Work en la calle Kant, a pocos metros del cine donde presentábamos cada tarde el Festival, y recibí la primera de tantas llamadas fallidas de Luca para tomar el retrato que nunca sucedió.

Esta primavera volvimos a vernos en Madrid, donde vino a tomar aquel retrato fallido, y se ha marchado, como cabía esperar, sin hacer la foto señalada. Pero en cambio, me ha dejado observar cómo trabaja, cómo observa y qué tesoro ordinario busca en cada fotografía, con el incansable empeño propio de quien sabe que sólo podrá encontrarlo en sueños.

Hace unos días soñé que vivía en una isla. Y que alguien me había contado un gran secreto. Yo corría a buscar un teléfono y llamaba a Luca, para decirle: "Liza Minelli no ha muerto. Ha construido un palacio en esta isla. Y todo cuanto ocurre en el palacio es como en la película Cabaret, pero de verdad. Tienes que venir a verlo" y Luca me respondía: "Voy enseguida. Si no te importa, iré con un amigo mío que es fotógrafo."

Mientras desayunábamos, recordé el sueño y nos reímos. Le conmovió que en mi sueño el fotógrafo fuese otro. Y entonces me confió su sueño recurrente: entra en una especie de mercadillo, un lugar que está lleno de trastos cotidianos, cosas normales, sin valor, y cada objeto que toma entre sus manos es un tesoro precioso a sus ojos, una pieza única, un hallazgo, y se siente alegre y tremendamente afortunado de que nadie pueda ver cuán valioso puede ser lo ordinario.







(*) Tatiana Escobar (Venezuela, 1976) ha escrito ensayos y poesía en español. Traductora y editora, en el 2004 abrió en Madrid la primera boutique erótica de España: La Juguetería erotic toys (www.lajugueteria.com), para no tener que vivir de la literatura. Y desde entonces vive del sexo. Y escribe, a veces, para sus amigos.






Marginal Epiphany
about the photography of Luca Donnini

by Tatiana Escobar ( *)


About discomfort in photography

One needs courage, to plant himself with a Rolliflex hanging from the neck in front of people intending to take portraits in black and white. Even more if you plant yourself in the house of a prostitute, a bar for transvestites, a ladies hairdresser, a pornofestival, a travelling circus or a gaybar for hardcore sex....and domand from the people to undress, not for money or pleasure, but for the love for art as mothers would say.

Luca Donnini ( Rom, 1961) is not lacking courage. Indeed I suppose that he starts out in search of  the personalities in his photos guided by a mixture of courage, curiosity and desire, which in his elegant and always political thinking expresses itself in a unusual attitude of an involved voyeur. I have seen him ambling around in town, almost ashamed of carring a camera on his back and in other occasions melting down with pleasure and anxiety because of a potential portrait that appears in front of his eyes, before daring to do the first step. And I've seen him returning home, happy about not having made one single photo.

The same way it heated Karl Kraus' blood watching daily how the pearl of language escaped him under the teeth of  barbarians with bad language, I see the photographer awkwardly escaping from the intended pose, which distorts the body and the grimace, that disfigures the face and fleeing like from the pest with horror from the forced smile, the posed embrace or the slovenly releasing, thousands of times repeated and so typical for touristic photography, whether familiar or digital. Ghosts that always ambush for portraitists.

Aware that aming with a camera on a person is an act of severe intimacy the photographer elaborates a setting with subtile assistances of the subject, which remains nearly unperceived in the natural ambiance of the result. Although his methods are more propriate for the direction of actors, his ambition is to take off the persons official mask and staginess to show it, with or without clothes, nude in front of the camera. Whether seducers or innocents, timids or challengers, without additional decoration but life itself they are always fragile about the certainty of what we are.

Every portrait of Luca Donnini is a serious pursuit of nudity. In order that the game is a challenge for both, he searches for his models in those marginal areas of society, where supposably the odd, the nude body, sex or perversion, sex change or an exclusiv identity are no tabu but a way of living. And he doesn't lose himself between activists, but between habitants of the marginal area who are, with the mere effort to be who they are -  transvestites, transsexuals, shaved-head dykes, hairy teddybears, tattooed, naked, fat and skinny men and women - defending a particular political thinking and a diffrent way to be in this world.

It's impossible not to be confronted by these portraits and the narrative voice of the photographer, that speaks to us through them. Halted where the "good ones" will never enter and causing that these lives stare at us through his camera his way of avoiding sentimentality, sensationalism or mere social accusation fascinates. Impressing is that the actual portraits are the ones which ask: Que cazzo fai?

Committed to the tradition of the "new documentary style", whose most important and perturbating representative is Diane Arbus, Luca Donninis portraits celebrate, like hers, the veritable aristocrates. Those who don't have to fear nothing anymore because they had to master the examinations of life to become who they are. And there, where before the defect of the freak or the monstruous of normal people would have been pointed out by the flash and scared us, an understanding light reveals us now the virtues of beeing diffrent, to make us fall in love with variety.





In search of familiar unknowns

I encountered Luca Donnini in an october night in Berlin. We were in the L.U.X. Club in Kreuzberg, the nocturnal venue of the porno cinema festival, and both of us were on duty. Meanwhile drinking one of those typical bad served german Whiskies I observed him curiously: a tall man, resembling a gentleman, his face between timid and serious, silent and calm and from his neck on breast height hanging one of those mysterious Rolliflex cameras from the Franke and Heinecke company, with an open visor. Nearly without noticing it I started observing his sparse movements and asked myself, what the hell this photographer is looking for around here. Not implicitly because the presence of photographers at such events usually is unwanted, but because several hours passed and he still didn't shoot the first photo.

I allowed the Whisky to overwhelm my shyness,  approached the bar to ask him who he is and I suppose that we became friends during this first conversation. Shortly after I organized a privat saloon in a remote hideout of the bar, where director Todd Verow, his muse Philly and I pretended to be the hosts, to observe curious types innocently ambling around at the festival unfamiliar with undergroundporno. Obviously it was a tramp. But Luca smiled in the red light of the saloon and continued with not taking pictures until the saloon dissolved.

We arranged that Luca would visit the head quarters of the spanish group in Berlin – a trashy brothel hidden in the basement of an apartment building in Kreuzberg, stinking of  nicotine and full with angels, dried roses and zebra tapestry – to create what he called an "elaborated portrait of the family". The following evening we visited an exhibition about Diane Arbus, which organised the gallery Camera Works in the Kant street, only a few meters away from the cinema where we presented the festival every night and I recieved the first of Lucas' numerous failed calls to do the portrait , what in the end never happened.

This spring we met again in Madrid, where he wanted to make the portrait failed at the time and he departed, how he had suspected, without having taken this specific photo. Instead he allowed me to observe how he works and for what ordinary treasure he searches in every photography with the indefatigable pursuit of someone knowing, that he can only find it in dreams.

Some days ago I dreamt I was living on a island and someone told me a big secret. I  ran to look for a telephone and called Luca to tell him: "Liza Minelli has not died. She built a palast on the island. Everything in the palast appears to be like in the film Cabaret but real. You have to come here and look at it." Luca answered me: "I come immidately. If it's not bothering you I'll bring a friend of mine who is photographer."

During breakfast I remembered the dream and we laughed about it. It moved him that the photographer in my dream was someone else. Thereupon he confided to me a dream he had had recently: He enters a sort of flea market, a place full with ordinary junk, normal things without any value and every object he takes in his hands is a very precious treasure in his eyes, something unique, a discovery and he's amused and tremendously fortunate, because nobody can see how valuable the ordinary can be.

(*) Tatiana Escobar ( Venezuela, 1976 ) has written essays and poetry in spanish. She is translator and editor and in 2004 opened the first erotic boutique in spain, that she doesn't have to live from writing: La Jugueteria erotic toys ( www.lajugueteria.com ). Since then she lives from sex and writes from time to time for her friends.